ARQUEOLOGIA DEL SER

FOTOS MURAL

El mural, este recurso visual combina el misticismo precolombino con la introspección contemporánea a través de tres pilares fundamentales:

 

El Concepto Cósmico de la Dualidad

Como artista,interpreto la máscara fragmentada o la contraposición de rostros como símbolos que los seres humanos habitamos simultáneamente dos mundos: el real (físico) y el onírico (espiritual). No somos una sola entidad sólida, sino energía en constante transformación.

Al dividir las máscaras, expone visualmente el diálogo interno entre el ego terrenal y el ser místico superior.


El Ritual del "Disfraz" Ancestral

En las culturas antiguas de mesoamerica y suramerica, el chamán o el guerrero no usaban una máscara para ocultarse, sino para convertirse en otra cosa (un jaguar, un dios, el fuego) y canalizar su poder una especie de transmutación física.

Edisson René Estévez, retoma este misticismo señalando que nos "disfrazamos" y nos ponemos máscaras en la vida cotidiana intentando trascender consciente o inconsciente hacia un yo superior.

Las máscaras divididas deja ver tanto el tótem sagrado como la figura humana, captando ese estado de transición en una composición artística .


Lo Sagrado frente a lo Profano

La división también representa las capas de la psique. Mientras que el rostro central mantie una mirada profunda y mística espiritual, las secciones laterales actúan como un caparazón o una corteza material y estructuras sociales.

Es una metáfora de cómo protegemos nuestra esencia interna, sagrada y natural de las fricciones del mundo exterior.

 

Mi mural propone un equilibrio entre la herencia ancestral y una estética contemporánea con tintes de realismo mágico y misticismo.

Las dos figuras lineales estilizadas en la base (esos pequeños personajes míticos mitad blanco, mitad negro) refuerzan el concepto andino de la dualidad (Yanantin), el equilibrio de los opuestos que sostiene el cosmos.

 

·       El color del rostro rompe con el realismo cromático humano para adentrarse en lo divino o espiritual. Evoca la conexión con la naturaleza, la Pachamama, o un estado de trance místico.

 

·       El despertar de la identidad: La apertura de la máscara de barro/oro sugiere que la verdadera identidad indígena o el conocimiento ancestral no está extinto ni congelado en un museo, sino vivo, latente y manifestándose a través de las nuevas generaciones.

 

 

·       El ornamento frontal: El tocado dorado sobre la frente de la figura acentúa su estatus sagrado o sacerdotal, convirtiéndola en una guardiana o puente entre el mundo terrenal (Kay Pacha) y el mundo celestial (Hanan Pacha).

 

Analisis:

La obra no se lee de izquierda a derecha, sino de afuera hacia adentro, como un viaje arqueológico y espiritual que atraviesa tres niveles de conciencia:

 

La mascara más externa (precolombina)

está inspirada en la arcilla y el barro modelado. Se abre horizontalmente y simboliza el desprendimiento del ego y de las estructuras materiales, para revelar nuestra verdadera esencia mística y el poder cósmico que llevamos dentro, representado por los rayos de luz que cruzan el rostro.

 

Evoca los vestigios arqueológicos, las vasijas y las estatuillas precolombinas que algunas descansan bajo la tierra. Simboliza nuestra conexión con la tierra, la herencia material de los ancestros y el cordón umbilical histórico que nos conecta directamente con el pasado prehispánico, su tecnologia y conocimientos avanzados.

 

La segunda mascara el “Aya Uma”

Al abrirse la tierra, entramos al mundo ceremonial de los Andes a través del Aya Uma (la cabeza de espíritu).

Sus patrones geométricos textiles no son solo decorativos rinden homenaje a la textilería ceremonial de los pueblos andinos; representan la dualidad, el orden del cosmos y la fuerza festiva del Hatun Punlla propio de la region "norandina" conocido hoy como el intiraymi. El Aya Uma aquí actúa como un guardián del conocimiento, un filtro espiritual que el espectador debe comprender antes de acceder a lo más sagrado.

 

El Tercer Nivel:

La Iluminación WAO WIRA (ESPIRITU VIVO DE LA SELVA)

El rostro central turquesa representa el espíritu o el 'yo interno' en su estado más puro y conectado con la naturaleza

En el núcleo más profundo de la obra habita una mujer de apariencia Waorani de la Amazonía, pintada en tonos fríos y sagrados. Ella representa la pureza de la selva viva, la resistencia y la sabiduría de los pueblos que cohabitan en armonia con la naturaleza.  Con su pintura facial que para ellos, el color rojo con achiote y wituk color negro, simbolizan buena suerte, salud y protección, ayudando asi a mantener alejados a los malos espíritus, para "neutralizar" las miradas “pesadas” o evitar que la energía vital del individuo se escape o sea vulnerada por agentes externos.

 

Mananukit

Son los palillos que incrustan en el rostro y operan como escudos protectores que impiden el paso de influencias espirituales dañinas mientras el cuerpo respira, habla o duerme, se bendicen y confeccionan con materiales sagrados (como la chonta o el pambil) para transmitir una fuerza espiritual que resguarde a la persona de los malos espíritus.



Frente de Vasija - Cacao

La forma en su frente, inspirada en las vasijas de asa, tecnologia ancestral para transportar el cacao procesado, es una mencion concreta a la fertilidad de la tierra, a la domesticación milenaria del cacao ancestral y el sustento de la comunidad, tributo a la abundancia de la tierra. El ornamento frontal, el tocado dorado sobre la frente de la figura acentúa su estatus sagrado o sacerdotal, convirtiéndola en una guardiana o puente entre el mundo terrenal (Kay Pacha) y el mundo celestial (Hanan Pacha). Los antiguos gobernantes y chamanes, eran quienes usaban el oro y el cobre como espejos del sol para iluminar su sabiduría.



El portal cósmico: SAMAY PACHA (ALIENTO DE LOS MUNDOS)

La esfera violeta en la base funciona como un oráculo o un centro de poder del cual emana la fuerza vital que sostiene toda la estructura superior. La esfera, una forma geométrica elemental que simboliza la totalidad, el principio creador y el útero de la Madre Tierra del cual emana la vida que abraza eterea la composicion en el mural.


Yanantin (La Dualidad)

En una  visión filosófica andina ancestral en la qu se basa la simetría del mural y los persoanjes al pie —que en el imaginario andino y latinoamericano se conocen como duendes, chaneques, güijes o el místico Chullachaqui— son los guardianes del muro.


 Al pintarlos con siluetas blancas y etéreas, pretendo transmitir esa sensación de un "presentimiento" o una energía sutil que se siente y que te observa desde la espesura oscura del bosque.  

Esas pequeñas figuras son los guardianes de las montañas y los bosques (los duendes o seres mitológicos andinos). No siempre se ven, pero se presienten. Están ahí para recordarnos que la naturaleza está viva, que tiene memoria y que observa nuestro paso por el mundo con un respeto sagrado".

 

El fondo negro no es vacío


Simboliza la noche amazónica y andina, con sus estrellas y contselaciones los mapas estelares guías de los ancestros en la oscuridad de la bóveda celeste analizaban los mensajes del cielo. Los seres lineales de la base son los espíritus del bosque y de las plantas sagradas que habitan en la penumbra, cuidando el entorno de manera silenciosa y mística.

 

 

 

La Dualidad del Origen

. El Yanantin es uno de los conceptos más profundos y hermosos de la filosofía y cosmovisión andina. No tiene una traducción exacta al español, pero se puede entender como el principio de la dualidad complementaria o la paridad.


Esta obra es un portal visual que activa la memoria y la tecnología espiritual de las culturas ancestrales andino-amazónicas. Lejos de proponer una utopía estática, el mural explora el concepto del Yanantin (la dualidad complementaria): el entendimiento de que la armonía cósmica y social no nace de la ausencia de tensiones, sino del equilibrio consciente entre fuerzas opuestas.


A través de un ejercicio de sincretismo geográfico y cultural, la rigidez tecnológica de la metalurgia precolombina y la vibración mística del Aya Uma se abren en un despliegue cromático. En su núcleo, resguarda y revelan la vida latente: el rostro de una mujer Waorani, guardiana viva de la selva ecuatoriana. De su frente emerge la silueta de una vasija tradicional, tributo a la domesticación milenaria del cacao y a la abundancia de la tierra.


El fondo, una noche profunda habitada por los seres espirituales del bosque, nos recuerda que la luz fluorescente del presente y la sombra ancestral de la memoria se necesitan mutuamente para existir. No hay jerarquías entre el pasado arqueológico y el presente vivo, ni entre el Ande y la Amazonía; existe una paridad necesaria, un diálogo de tensiones y complementos que sostiene nuestra identidad.


A diferencia del pensamiento occidental tradicional —donde los opuestos se enfrentan (el bien contra el mal, la luz contra la oscuridad)—, en el mundo andino los opuestos no compiten, sino que se necesitan mutuamente para existir y crear equilibrio.


Para los pueblos antiguos, el conflicto no era una anomalía que debiera eliminarse, sino una fuerza natural (el Tinkuy, el encuentro/choque de energías) que, al canalizarse correctamente, reactivaba el ciclo de la vida.



Aquí detallo los aspectos clave del Yanantin de cómo se conectan directamente con la magia de este mural:


1. El concepto de la "Pareja Complementaria" - La Simetria Reflejada.

No hay jerarquías: En el Yanantin, un elemento no es mejor ni superior al otro. El día no es "mejor" que la noche; simplemente se complementan.


Interdependencia absoluta: El uno no puede existir sin el otro.


La tierra seca necesita de la lluvia para ser fértil. Lo masculino necesita de lo femenino para generar vida.

Unión de fuerzas: La palabra proviene del quechua yana (ayuda/compañero) y el sufijo -ntin (que indica inclusión o totalidad). Literalmente se traduce como "con un compañero" o "el uno con el otro".


2. El Masintin: El paso hacia la armonía

Mientras que el Yanantin reconoce que existen dos fuerzas opuestas o diferentes, el Masintin es el proceso de ponerlas a trabajar juntas en perfecta armonía. Es la práctica de la reciprocidad (Ayni). En los Andes, las personas no buscan ser individuos aislados; buscan su yanan (su papar) para estar completos y en armonía con el cosmos.


Este mural es un gran espejo de la propia espiritualidad ancestral.


AGRADECIMIENTOS

Las obras no nacen en el aislamiento; son el resultado de caminos que se cruzan, de voluntades que coinciden y de la energía de la tierra que nos sostiene.


Al concluir este mural, quiero expresar mi más profunda gratitud desde el corazón por todo lo bueno que este proceso ha traído a mi vida:

·       A la Unidad Educativa de Artes Plásticas "Daniel Reyes": Mi agradecimiento eterno al área de Artes por la generosa invitación a formar parte de las jornadas muralistas conmemorativas por sus 82 años de existencia formal. Regresar como exalumno al lugar donde se sembró mi semilla creativa y poder plasmar este muro bajo su lema histórico, "Formando Artistas", ha sido un honor de trascendencia espiritual absoluta. Gracias por seguir guardando el fuego del arte en nuestro país.

·       A la Comunidad de San Antonio de Ibarra: A los vecinos, amigos y transeúntes que compartieron su palabra, su hospitalidad y su aliento en la esquina del muro mientras mi aerógrafo avanzaba día a día. El arte urbano solo cobra vida cuando interactúa con el latido cotidiano de su gente convirtiendose en una enorme galeria museo al aire libre y publico.

·       Al Taita Imbabura: Por su imponente presencia frente al muro. Su energía milenaria y protectora fue la guía constante para que las formas del barro, del Aya Uma y de la selva Waorani encontraran su cauce correcto en este plano físico.

A todos los que de una u otra manera hicieron posible este puente entre el pasado ancestral y el presente de nuestra calle: mi gratritud, infinitas gracias.

 




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